Partager l'article ! El sueño de la libélula: Bajo el cielo color rosa del atardecer de invierno, se confunden con el horizonte los tejados con sus tejas grises ...
Bajo el cielo color rosa del atardecer de invierno, se confunden con el horizonte los tejados con sus tejas grises húmedos y las chimeneas humando, señales de vidas y destinos, de cuentos y retratos, bajo el cielo mármol, se extienden las piedras y el hormigón.
La ciudad ya no es eternal, ya no existe, solo pretende ser. La ciudad esta intentando ser el hogar de sus habitantes, el lugar a donde se puede todavía esperar y imaginar, y del corazón de la “cité” se oye el grito, la respiración, de sus habitantes, el ruido de la construcción y de los atascos, el silbato de los policíacos, coordinando la circulación…
En este infierno de asfalte, en el medio del barrio, en un patio entre los antiguos edificios obreros de ladrillos rojos, aquí hay el jardín público, a dónde se encuentran las familias, los ancianos y amigos de largo tiempo y los niños, jugando, peleándose como en un cuadro de Goya. Porque aquellos niños no son tan diferentes de aquella época, son todavía hijos de obreros o a lo mejor de trabajadoras sociales y profesores de colegio. La clase obrera y la media clase pertenecen al mismo destino, la fatalidad de las crisis que se siguen y se parecen… Las elecciones y sus mentiras, el hombre de la providencia y sus sueños corruptivos. Nadie se escapa realmente de esa realidad,… sin embargo, la felicidad todavía existe y persiste en las pequeñas cosas del cotidiano. (leer la continuacion en la pagina / lire la suite dans les pages El sueño de la libélula...)
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